Ansiedad, pérdida del sueño e incertidumbre económica pueden prolongar el impacto de un movimiento telúrico.
Un movimiento telúrico puede durar apenas unos segundos, pero sus efectos pueden prolongarse mucho después de que deja de temblar la tierra. El miedo a una nueva réplica, la alteración del sueño, la ansiedad y, en los casos en que existen daños materiales o pérdida de ingresos, las incertidumbres económicas pueden dificultar el regreso a la normalidad.
Colombia es un país expuesto a la amenaza sísmica. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, su Red Sismológica Nacional registra alrededor de 80 sismos diarios, aunque la mayoría son imperceptibles. Esta exposición hace que la preparación no deba limitarse a saber cómo reaccionar durante un movimiento, sino también a reconocer sus posibles consecuencias posteriores.
El cuerpo reacciona antes de que podamos procesar lo que ocurre
Ante una amenaza súbita, el cerebro prioriza la supervivencia. Pueden aparecer taquicardia, respiración acelerada, tensión muscular, temblor e incluso una respuesta de bloqueo. Por eso, durante una emergencia algunas personas corren, otras se paralizan y otras consiguen actuar de manera organizada.
“Después de un evento traumático como un terremoto, el cerebro puede permanecer en un estado de alerta permanente. La persona no solamente enfrenta el miedo que vivió durante el sismo, sino también sus consecuencias: pérdidas familiares, daños materiales, desplazamiento y temor a que el evento vuelva a ocurrir”, explica Ana María Carrillo, vocera de salud mental de VYRA IPS.
La especialista señala que durante los primeros días pueden presentarse miedo, dificultad para dormir, irritabilidad, sensación de inseguridad, pensamientos repetitivos y ansiedad. Estas respuestas pueden ser esperables ante una situación extraordinaria, pero requieren atención cuando son intensas, persisten, impiden desarrollar las actividades habituales o aparecen expresiones de desesperanza o pensamientos relacionados con hacerse daño.
Cuando la emergencia también golpea el bolsillo
El impacto de un fenómeno natural puede trascender la afectación física. Cuando una familia pierde parte de su patrimonio, un empresario ve afectado su negocio o una persona queda temporalmente sin su fuente de ingresos, la emergencia puede convertirse también en una fuente de incertidumbre económica y emocional.
A escala mundial, las catástrofes naturales generaron en 2025 pérdidas económicas estimadas en US$224.000 millones, según Munich Re, mientras Swiss Re calculó pérdidas aseguradas por US$107.000 millones. Más allá de las cifras, estos eventos muestran la dimensión económica que pueden alcanzar los fenómenos naturales y ayudan a entender por qué sus consecuencias también pueden sentirse en el hogar, el trabajo y la salud emocional.
Dormir también puede convertirse en un desafío
Después de experimentar un terremoto, algunas personas pueden mantener una vigilancia excesiva: cualquier ruido, movimiento de la cama o sensación corporal puede interpretarse como una nueva amenaza. Esto puede dificultar conciliar el sueño, producir despertares frecuentes, pesadillas o la sensación de no haber descansado.
“Una noche ocasional de mal sueño es diferente a mantener durante días o semanas un sueño insuficiente o fragmentado. Cuando esto se prolonga podemos presentar fatiga, irritabilidad, problemas de concentración y memoria, disminución del rendimiento, mayor percepción de ansiedad y dificultades para regular nuestras emociones”, explica Diego Vanegas, máster en Fisiología y Medicina del Sueño de la misma IPS.
Así puede aparecer un círculo difícil de romper: el miedo a que vuelva a temblar dificulta dormir; la falta de sueño aumenta la ansiedad y la sensibilidad; y esa ansiedad hace todavía más difícil conciliar el sueño.
La sobreinformación también puede mantener activa la alarma
Después de un evento sísmico, la exposición constante a noticias, imágenes, rumores y mensajes no verificados puede mantener activado el sistema de alerta. Esto puede traducirse en ansiedad, alteraciones del sueño, irritabilidad y dificultades para concentrarse.
Por eso, los especialistas recomiendan informarse a través de fuentes oficiales, evitar cadenas sin verificar y establecer momentos específicos del día para consultar información, en lugar de permanecer permanentemente expuestos.
Prepararse también significa cuidar la salud mental
La preparación frente a un fenómeno natural incluye conocer los protocolos de emergencia, participar en simulacros, mantener redes de apoyo y, después del evento, recuperar progresivamente las rutinas de alimentación, sueño, trabajo y actividad física.
Si persisten el miedo intenso, ataques de pánico, aislamiento, incapacidad para trabajar, pesadillas recurrentes, consumo problemático de alcohol u otras sustancias, o pensamientos de hacerse daño, se recomienda buscar atención profesional.
VYRA: una transformación con enfoque integral
En este contexto, VYRA IPS señala que su transformación busca fortalecer un modelo de prevención y atención integral, con el bienestar de las personas como uno de sus ejes.
“Sabemos que la construcción de país depende mucho del bienestar de las personas, quienes son realmente el motor de la economía de cualquier sociedad. Lo tenemos claro y por eso, después de 15 años de trayectoria en el mercado, tomamos la decisión de transformarnos en VYRA IPS y así apostarle a un servicio de prevención y atención integral, permitiendo que todos los colombianos tengan la capacidad de tener una vida llevadera y que la buena salud esté presente.”, Carlos Humberto López, Gerente General de VYRA IPS
La recomendación de los especialistas es clara: no podemos evitar todos los fenómenos naturales, pero sí podemos prepararnos para disminuir su impacto físico y emocional. Un movimiento telúrico puede terminar en segundos; reconocer y atender sus consecuencias también hace parte de la prevención.







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